Hace
ya muchos años, cuando Canal Sur y otras cadenas televisivas politizadas nos
martilleaban constantemente a los andaluces con escenas diarias de
pateras que llegaban a nuestras costas repletas de personas, algunas al
borde de la muerte, otras deshidratadas y ateridas de frío, asustadas, otras
aludían sin cesar a aquéllas que dejaron la vida en el mar a cambio de
una mínima oportunidad para compartir la sociedad
de la "abundancia y la felicidad", yo me moría de pena al contemplar
esas imágenes, como tantas otras personas. Pero al mismo tiempo
reflexionaba, era evidente que el drama existía y existe, aunque ahora
no le dediquen en sus informativos más que una minucia de tiempo. ¿Tenía
que estar presente todos y cada uno de los días de mi vida a la hora de
comer? ¿Necesitaban que aquello lo incorporase a mi mundo cotidiano?
¿Necesitaban de mi sentimiento solidario como fuere? ¿Qué clase de
acuerdos ecónomicos pactaron a nuestras espaldas para permitir este tipo
de inmigración que ya en la verdadera "comunidad europea" se había
conseguido regular tras muchos años de experiencia en la materia? ¿Por
qué no se aludía al ejemplo alemán o inglés como en tantas otras
materias hacen para ilustrarnos y darnos lecciones de lo bien que esos
países han solucionado el problema? ¿Por qué esos mismos países no eran modelos
a seguir en ese momento? ¿Qué clase de sobornos ecónomicos aceptaron
para convertirnos en los perros de Europa? ¿Fueron a cambio de los
famosos fondos de cohesión, que después algunos de nuestros politicuchos han
dilapidado en proyectos sin trascendencia, sin futuro, en cursos
absurdos para desempleados, en orientadores de no se qué y por supuesto
en malversación de fondos y enriquecimientos personales?
No sé, pero
esas personas siguen muriendo, dejando un rastro en las playas de ropas
mojadas y soñando con comer y beber todos los días y ser un poco más
libres.