jueves, 30 de enero de 2014

Hace ya muchos años, cuando Canal Sur y otras cadenas televisivas politizadas nos martilleaban constantemente a los andaluces con escenas diarias de pateras que llegaban a nuestras costas repletas de personas, algunas al borde de la muerte, otras deshidratadas y ateridas de frío, asustadas, otras aludían sin cesar a aquéllas que dejaron la vida en el mar a cambio de una mínima oportunidad para compartir la sociedad de la "abundancia y la felicidad", yo me moría de pena al contemplar esas imágenes, como tantas otras personas. Pero al mismo tiempo reflexionaba, era evidente que el drama existía y existe, aunque ahora no le dediquen en sus informativos más que una minucia de tiempo. ¿Tenía que estar presente todos y cada uno de los días de mi vida a la hora de comer? ¿Necesitaban que aquello lo incorporase a mi mundo cotidiano? ¿Necesitaban de mi sentimiento solidario como fuere? ¿Qué clase de acuerdos ecónomicos pactaron a nuestras espaldas para permitir este tipo de inmigración que ya en la verdadera "comunidad europea" se había conseguido regular tras muchos años de experiencia en la materia? ¿Por qué no se aludía al ejemplo alemán o inglés como en tantas otras materias hacen para ilustrarnos y darnos lecciones de lo bien que esos países han solucionado el problema? ¿Por qué esos mismos países no eran modelos a seguir en ese momento? ¿Qué clase de sobornos ecónomicos aceptaron para convertirnos en los perros de Europa? ¿Fueron a cambio de los famosos fondos de cohesión, que después algunos de nuestros politicuchos han dilapidado en proyectos sin trascendencia, sin futuro, en cursos absurdos para desempleados, en orientadores de no se qué y por supuesto en malversación de fondos y enriquecimientos personales?
No sé, pero esas personas siguen muriendo, dejando un rastro en las playas de ropas mojadas y soñando con comer y beber todos los días y ser un poco más libres.